Sin duda era esa mañana el día en que las tres palomas
debían partir de su nido. La primera voló hacia lo más profundo del campo y
regresó meses después con un aire valentón y el pecho erguido. La segunda se
fue hacia el mar y regresó con grandes aventuras para contar. La tercera, ni se
diga, se fue a la ciudad, de donde nunca regresó.