domingo, 26 de enero de 2014

Lo profano y lo simbólico. Dejar el escritorio



Son pocas las veces que uno decide crear una conexión entre pensamiento y realidad. Cansado de las ópticas y los brumosos lentes de observación del pensamiento racional, los armazones de la lógica comienzan a parecer lo contrario, las observaciones a priori y a posteriori tienen poca validez. De repente se pasa uno caminando por las calles, cuando uno se topa con los objetos que estudia y ha tratado de encasillarlos en un modelo aceptado de pensamiento. Al final de cuentas lo que resulta es una conmiseración más y un encasillamiento paupérrimo de lo que se escapa a lo teórico: lo indescifrable. 

Cuando hablas con las personas, sientes su olor y su presencia, sucede que comienzan a perder la calidad de variables y datos estadísticos en los que los habías circunscrito, ocurre que un poco de calle, de mugre y de sangre revelan la auténtica dimensión de lo “social”.

Comienzas entonces a dudar, tanto de la utilidad de lo que haces como de las herramientas que tienes para ello, y te das cuenta que hay algo que no te deja sentir, que por mucho que lo creas te atrapa en un sinfín de reglas, símbolos y artilugios para codificar y hacer un poco más comprensible lo de fuera: el lenguaje.

¿Cómo es posible escapar de la realidad construida hacia una realidad real? Es difícil zanjar esta brecha milenaria y automatizante, cuesta un poco imaginar que las palabras y los símbolos son simples construcciones vacías que pierden todo sentido cuando se toca fondo. Por eso, abogamos por el rescate de lo sensible, por el verde agonizante tras el gris desbordado, por los momentos fuera de sí, lo irracional y lo vivido, como forma de escapar, o regresar, a la naturaleza salvaje y bárbara que tanto se ha despreciado. 

El último día de vida civilizada, las hogueras salvajes darán cuenta de la miseria del lenguaje, de lo indeterminado, lo mágico, de una triste realidad humana encorsetada en vías de progreso y civilización. De cómo nos hemos acostumbrado a la alienación, autoconstruida, autoimpuesta, de una simbología que realmente nadie comprende.


Por: Tecno Maicol